Por: Carlos Maxwell

Querido Ico:

No hay que estar muerto para que le dediquen un artículo. De eso me convencí cuando entré aquella noche al gimnasio después de un día de trabajo.

Aunque tenemos mucho que no hablamos, quiero darte las gracias por haberme dado coraje y cierta dosis de “pantalones.”

Recuerdo aquellos días en Supercanal cuando decidimos ir a un evento formal lleno de empresarios y políticos. Fuiste al lugar con unos jeans rotos, tenis sucios y una camiseta que parecía que acababas de venir de jugar un partido de béisbol en plena calle al mediodía. “Mira cuantos hipócritas,” -me dijiste con una seguridad admirable.

Algunos te miraban con desprecio, otros extrañados y a otros le causaste gracia como a don Freddy Beras-Goico que en paz descanse. Con una sonrisa y como admirando tu seguridad y burla del evento social, don Freddy sonrió y nos saludó con mucho cariño.

Recuerdo aquel día en el canal cuando en tu primer cheque no te dieron lo prometido y saliste disparado por la puerta. El Director de Programación regañó al responsable, te presentó disculpa y te mandó a llamar para que regresaras. “Vaya cojon…,” -pensé dentro mí. Yo era apenas un joven que no acaba de cumplir los 20 años. Tenía mucho que aprender.

No sé cuál es tu preferencia política ni si la compartimos, ni estoy empapado de lo que has hecho con tu vida en el pasado reciente. Lo que sí te puedo decir es que de vez en cuando pienso en las cosas que hacías y que te daban a respetar.

Aunque no compartamos el mismo gusto en cuanto a Arjona, sí te quiero decir que el ser testigo de algunas de tus decisiones me brindó coraje. Hoy día me doy a respetar y considero que eso está bien. Que a veces hay que dejar lo seguro por seguir adelante, que en ciertas ocasiones hay que colocar una línea. La línea de respeto.

No sé de tus andanzas Ico. Solo te puedo decir, que esta noche en el gimnasio, me acordé de ti y tus locuras que inspiran.

Twitter: @CarlosMaxwell