Por: Carlos Maxwell

Cuando vamos a una entrevista de trabajo hacemos nuestro mayor esfuerzo por dejar claro que somos la mejor opción para la posición que deseamos. Nos vendemos y en cierta forma actuamos. El profesor de idiomas te dice en un principio que vas bien; y cuando se están acabando las clases, que hay que comprar nuevas, entonces te encuentra “los defectos” de tu acento para que compres más lecciones.

El presentador de noticias que estaba “muerto de risa” durante los comerciales, luego se tiene que poner serio porque va a informar de una nota triste. Está actuando si no le importa la noticia. Y antes de irse al corte comercial está vendiendo porque promociona lo que viene. Todos somos actores, todos somos vendedores.

El boxeador Floyd Mayweather desde meses antes de sus combates, empieza a crear controversias al mostrar en las redes sociales los ingresos económicos que posee. Es una forma de llamar la atención. Y de repente nos encontramos a personas que ni les interesa el pugilismo comprando sus peleas. Mayweather es primero un vendedor y luego un boxeador. No puede subir al ring si no tiene espectadores.

El artista que saca un nuevo disco; aunque lo deteste, debe de ir a dar entrevistas. Y debe “actuar” de cómo si se la está pasando bien. Es un vendedor por la promoción y actor porque muestra algo que no siente. Con muchos deportistas pasa igual.

Creo que para “vivir en sociedad” debemos en cierta forma ser vendedores y actores. Como los correos electrónicos corporativos hablando de logros. En la sociedad en sí, todos debemos de tener cierta dosis de hipocresía. Saludar a alguien que nos ha criticado, envidiado o molestado, trabajar con personas que sabemos que no se merecen la posición que tienen, lidiar con reuniones aburridas, dar un “buenas tardes” sin sentirlo. Es la vida.

Hay quienes no pueden ser tan actores y hablan o actúan como desean. A veces inspiran respecto, otra veces rechazo porque se van muy lejos con su sinceridad.

Creo que con un balance entre honestidad y “actuación,” podemos vivir felizmente en sociedad. Pero que quede claro: todos somos actores, todos somos vendedores. Hay miles de ejemplos.

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