Por: Carlos Maxwell

Todos hemos pasado por esas rachas de no querer hacer ciertas cosas. De estar perezosos, de que se nos hace difícil empezar a hacer algo. En pocas palabras, escasea nuestra fuerza de voluntad. Nos dejamos arrastrar por la rutina.

Está dentro de nosotros mismos cambiar eso. Si estamos constantemente pensando que debemos hacer algo que está dentro de nuestra cabeza es por alguna razón.

Yo no soy un “gurú” de la fuerza de voluntad. Al contrario, he pecado de tener escasez de la misma en ciertos momentos. A medida que pasan los años he mejorado bastante y siguiendo ciertas directrices. Aquí comparto algunas con ustedes y con humildad se las recomiendo.

Caminar erguidos y sentarnos derecho. Nuestra postura suma y mucho. Tanto para hablar y aunque muchos no lo crean hasta para pensar. El sentarnos derecho nos da más ánimo y seguridad.

Ver series o películas con personajes que resuelven problemas. Esto no se trata de imitar; pero sí de tener un ejemplo de que podemos lograr lo que nos proponemos. Nos da carácter.

Leer mucho. Los libros de John C. Maxwell, Robin Sharma y Malcolm Gladwell ayudan bastante.

Hacer ejercicios. Puede sonar irónico, porque una de las cosas que se les hace más difícil a las personas es ir al gimnasio. Pero yendo, dando ese primer paso y viendo los resultados nos da el ánimo de seguir regresando. Incluso, nos cambia hasta la forma de pensar y nos ayuda para estar más despiertos y ser más productivos.

Escribe metas del día y tacha las que vas realizando. Si las cumples día a día, aunque sean cosas sencillas, eso te dará ánimo para seguir adelante.

Deben de haber muchas otras formas que nos ayudan a elevar nuestra fuerza de voluntad. Una de mis favoritas y que he ido creando por cuenta propia es la siguiente: mírate en un espejo, piensa en tus metas, en las cosas que deseas realizar y hazte una pregunta. ¿Eres un hombre o una cosa? Date un golpe en el pecho y grita: iVamos!

Date tu mismo la respuesta y luego haz lo que tengas que hacer.

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