Miguel fue a un bar con la idea de ligar y no ligó. No ligó, precisamente por eso, porque fue con la idea de ligar.

En una reunión de trabajo de martes al mediodía, conoció a una bella mulata. Ella trabajaba en el restaurante donde con sus compañeros de labores le hacían oda al mundo corporativo con hipócritas piropos a los demás compañeros y a los jefes. Reunión de trabajo y “bla bla bla.”

Lucrecia, la mulata, le coqueteó mientras le traía otra Heineken. Miguel se encontró muy fácil su conquista. Él le pasó su número de celular y luega ella a él el de ella.

Mientras él saboreaba otra vez el dulzón del “half and half” en su café después de la comida y el postre, se sentía muy macho por su conquista.

Lucrecia fue fácil y coqueteaba. Lucrecia coqueteaba y fue fácil porque es insegura. Necesita atención. Aunque Miguel se sienta “puro macho” no lo es. Ligar a una persona insegura y vulnerable no es ligar.

Lucrecia usa su sonrisa, su swing y su simpatía para tapar su inseguridad. Le han hecho infiel y le seguirán siendo infiel. Es que conquistarla es fácil.

Mientras Miguel planifica dónde la va a llevar sentado en su oficina, Lucrecia sirve otro café en aquel restaurante de la esquina. Y al ritmo de la música del lugar, mueve su trasero para que los tipos de la mesa a su derecha la vean.

Miguel y Lucrecia saldrán, pasarán un buen rato y se cansarán. Lo de Lucrecia y Miguel no va a durar ni mes y medio.