Por: Carlos Maxwell

Ella hacia el oeste y él hacia el este. Ambos se levantan por su lado en distintas ciudades. Ni Dios entiende el por qué no están juntos.

Es domingo por la mañana y así separados hacen lo mismo. En sus camas cada uno acompañado de la soledad, matan el tiempo en las redes sociales. Los segundos son aniquilados en cada “like.”

Hubiesen podido hoy día estar juntos, abrazados, quizás en un brunch, o quizás en la cama de ella. Pero no lo están.

Nadie entiende, incluso Dios, el por qué ella decidió tomar ese camino. Hasta la naturaleza presiente que no está bien.

En cada click, mueren los minutos en los que pudieron haber estado juntos.
Ella en un espejismo, él en ese sentimiento de compasión hacia ella. Ella tan rápida en decisiones grandes que cambian destinos, él tan paciente con la intención de que todos salgan ganando.
Ella tan ella, la de siempre. Él tan él, con ese sentimiento de protección.

Ella por un lado, él por el otro; en caminos distintos. La llegada al paraíso para ellos, tenía un solo camino. Camino en el que solo, caben ambos y llegando juntos de la mano.

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