Por: Carlos Maxwell

Hay quienes cometen el grave de error de vivir del “ojo por ojo diente por diente.” Lo cual puede ser peligroso porque se aceleran con ese capricho de venganza sin saber si la otra parte hizo o no lo que cree.

No hay venganza si la otra parte no hizo lo que usted cree que hizo. No hay venganza. Lo que hay es error, es caer, en cierta forma perder algo de usted. Es cambiar el rumbo de su vida como si fuese un día cualquiera en el recreo de la escuela.

No hay venganza si no pasó lo que usted cree y usted hace “lo mismo” y “al cuadrado” para dejar “un punto claro”. Lo que no es más que hacerle un museo a los errores de manera voluntaria.

Chismes malintencionados corren por ahí como atletas en olimpiadas, como peces en el mar. A veces el demonio juega con las mal interpretaciones y se mete en el cerebro de algunos sin piedad. “El diablo anda suelto,” dirán algunos. Y sí anda, pero creo que como seres humanos podemos controlarlo.

Podemos controlarlo dejando a un lado nuestra sed de venganza, comunicándonos, comprobando nosotros mismos si algo que creemos o escuchamos que pasó realmente sucedió.

La venganza, el ojo por ojo, son unos necios que no tienen rumbo a lugares positivos, son unos villanos tontos que te pueden llevar al purgatorio sin ni siquiera darte cuenta.

Y peor aún, cuando la venganza es inmerecida como por ejemplo cuando del otro lado no pasó lo que usted cree, o le dijeron.

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