Por: Carlos Maxwell

Decir que sí solo por quedar bien es lanzarse al vacío sin paracaídas. Es meterse a una avenida y correr descalzo para tratar de ganarle la carrera a un auto que va a 100 millas por hora.

Decir que sí por compromiso, es como convencerse de que la muerte es inexistente. Es mirarse al espejo y creer que no eres tu.

Decir que sí por quedar bien, porque crees que no hay de otra; es como mirar atrás y pensar que Hitler fue un santo. Es suicidarse pretendiendo quedarse vivo. Es lo absurdo hecho realidad.

Decir que sí solo por decirlo, para molestar, para aparentar, para hacer creer, para matar un capricho; es como decir que la Perestroika no tiene nada que ver con Gorbachov y que el Chavo del 8 es un genio.

Decir que sí por compromiso, es echar los desechos en la lógica, burlarse de la sensatez creyéndose uno más grande que el universo.

Decir que sí por decirlo, es la manifestación de la necedad, el homenaje a la estupidez, es meter en el salón de la fama a un matón.

Decir que sí por compromiso, por rabia, por pantalla, por insensatez, por osmosis inversa con la desfachatez sustituyendo al agua; es tirarse de un avión a 30 mil pies de altura sin paracaídas, y pretender que al otro día, comerás helado en la esquina.

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