Por: Carlos Maxwell

Las dos señoras sentadas delante de mí en el “gate” respiraron profundo. El señor con la manta crema por encima no se iría en su avión rumbo a Los Ángeles.

El hombre se montó en el vuelo antes rumbo a Baltimore donde hacía un frío del carajo. “Seguro las señoras estarán pensando que no hay más que los ‘Orioles’ en esa ciudad,” -pensé.

Es increíble como uno puede estereotipar solo por la vestimenta. Eso me recuerda a las dos señoras que aquella tarde me encontré en el elevador del edificio blanco donde yo antes vivía. Yo acababa de salir del gimnasio y estaba por supuesto, con ropa de “gym” y sudado.

Las señoras me miraron con asco y cerraron rápidamente la puerta del ascensor.

Una hora después me dispuse a tomar el elevador pero esta vez para descender. Traje planchado, camisa blanca impecable y corbata de “Filene’s Basement” que parecía comprada en Bal Harbour Shops. Una vez más las mismas señoras en el elevador.

Esta vez hicieron todo lo posible para que la puerta quedara abierta y me permitiera entrar. Me sonrieron y me dieron un “buenas tardes” como si se hubiesen ganado la lotería. Solo sonreí y nos les dije que era yo el mismo el que hace 60 minutos antes habían matado con la mirada por estar con ropa deportiva. Lo peor es que par de días después, las escuché decir en el lobby que habían llegado de la iglesia.

Esas señoras me recuerdan al tío Bonifacio. En una ocasión él le pidió a la prima Teresa Tomasa que ya no saliera más con un chico que estaba enamorado de ella. “Mi hija no sale con hombres sin modales,” -gritaba el tío.

Y es que en una ocasión mi prima con nombre horrible, o sea, la hija de mi tío, iba a salir con ese chico. Tío Boni vio que al salir no le abrió a su hija la puerta cuando se iban a montar en el carro. El muchacho entró por su lado y desde dentro abrió. “Mira a ese perro,” – murmuró Bonifacio José.

Lo que el tío no sabe, es que ese chico es el que mejor ha tratado a su hija, y que la única razón por la que no le abrió la puerta es porque minutos antes se le había dañado el motor que permite que esa puerta se abra con el control. O sea, la puerta del pasajero solo abría manual.

Es increíble como podemos estar predispuestos solo por las cosas que vemos de forma inmediata sin escarbar más. Creo que todos tenemos ese defecto. Tengo que decir que sentí también alivio cuando el hombre de la manta se monto en otro avión.