Por: Carlos Maxwell

Salgo de presenciar las entrevistas de los jugadores del Miami Heat. Que son por cierto, las mismas preguntas de siempre. Si yo me canso que estoy de este lado, ¿imaginen los jugadores?

Pero nada. Voy luego a un cajero automático a sacar dinero. Me estaciono en el tercer piso de un edificio para bajar al ATM. Al salir del estacionamiento la muchacha que recolecta el dinero del parqueo me dice que me pedirá un autógrafo. “Para ponerlo en eBay,” – me dice sonriendo. Le digo que ella es la que tendría que pagar para que alguien lo tome. Ella sonríe de nuevo. Pagué 2 dólares por los tres o cuatro minutos que me tomó ir al cajero.

Salgo de nuevo a la calle para echar gasolina mientras veo a algunas personas de las que trabajan de 9 a 6 en su hora de almuerzo. Quizás hablando de otros compañeros o deseando una mejor vida sin un horario tan estricto y aburrido.

El sol se ve y se siente picante. Parece que los días de semana es más fuerte. Cuando he venido al área de Brickell los weekend, se siente más agradable. Y no es broma. No sé si el humo venenoso que reparten los tantos vehículos hace alguna diferencia. Pero es mejor cuando es día festivo.

Buscando otro estacionamiento para luego ir a comer al restaurante que me gusta porque sirven “breakfast” el día completo; sucede lo que debería ser lo inesperado pero que siempre pasa. Una mujer que llevaba a una niñita en un coche, corre apresuradamente para cruzar la calle y ganarle la batalla a un carro que iba hacia el este en una pequeña calle.

El carro se detiene a último momento y la deja pasar. Yo la miro y con la mirada le dije todo lo que llevaba por dentro.

Hay gente, mucha gente; que cree que porque andan con niños caminando pueden salir detrás de un carro de la nada y no pasaría algo. Sin darse cuenta que están poniendo en peligro la vida de los niños y la de ellos. Es mejor esperar de manera paciente que pasen los vehículos y decidir avanzar primero si le ceden el paso. Aunque el peatón tiene la preferencia, es mejor prevenir y más cuando se trata de vidas.

Llego al restaurante. Pero antes pagué siete dólares por estacionar el carro justo al lado de un edificio en construcción que parece que fabrica polvo.

El salir del “arena”, sacar dinero, presenciar un acto estúpido y llegar al restaurante me tomó una hora. Más arriba, al norte, hago muchísimas más cosas en una hora. Todos los “downtowns” andan congestionados.

Extraño los brunch tarde en ese lugar que me gusta, ir a correr a la isla residencial y esa vista del piso 29. Pero cuando visito entonces me dio cuenta el por qué me fui.

Aunque extraño estar aquí los weekend. Lo bueno es, que estoy a solo 30 minutos de distancia.

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