Por: Carlos Maxwell

–   Cuando vivía en Phoenix, Arizona; asistí a un concesionario de vehículos. “Quisiera ver los carros (marca tal)”, – le comuniqué a un vendedor. El hombre me corrigió la pronunciación de la marca del vehículo y de una forma despectiva. En el lugar los vendedores me miraron como si yo fuera un ser extraño y no tuvieron la amabilidad de atenderme. Es uno de los pocos casos de racismo que he sufrido en Estados Unidos.

–   En otro “dealer” de autos, también en Arizona, no llegué a un acuerdo con un vendedor. La idea era, que yo entregaría mi carro y les compraría otro a ellos. Al no llegar al acuerdo ni con el vendedor ni con el que “supuestamente cerraba los tratos”, ellos se enojaron. El que “cerraba los tratos”, que por cierto no era el gerente, me mandó a devolver mi tarjeta de presentación (que le había dado antes) con el vendedor. Es una de las cosas más estúpidas me han pasado.

–   Al llegar a Phoenix en el 2005, frecuentemente me encontraba a muchas personas que me preguntaban que si yo era un inversionista que había llegado a allá. Me pasaba mucho. Como en esa ciudad la comunidad caribeña es muy escasa, me imagino que yo era una especie de extraterrestre para algunos.

La verdad, que solo hay que estar vivos para ver cosas.

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