Por: Carlos Maxwell

Jeremías es presentador de un programa de tv de panel al mediodía. Allí recibe a invitados quienes sin vergüenza exponen sus vidas privadas. Hombres que dicen que un hijo no es suyo, chismes entre suegras y yernos, pleitos de parejas y muchos otros casos que a nadie le deberían de importar.

Jeremías conduce muy bien el programa. A parte de eso gana buena plata. Aunque Jeremías no se aburre en lo que hace, es totalmente infeliz. Sabe que puede dar más. Que podría ser un periodista serio, con credibilidad y no un “presentadorcito” de un programa chatarra.

Jeremías se entretiene con los casos que le presenta su equipo de producción y de inmediato se adapta a cualquier situación. Cuando llega el momento de renovar su contrato Jeremías ni se inmuta. No le importa si se lo renuevan o no. Lo que si sabe es que siempre se lo renovarán porque en el canal donde trabaja lo adoran y porque él hace muy bien su trabajo.

Jeremías tiene su futuro asegurado a nivel económico. Pero en realidad y en el fondo; es una persona infeliz.

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