Por: Carlos Maxwell

Ver el último juego de la serie semifinal entre los Dallas Mavericks y Los Angeles Lakers me trajo muchos recuerdos. Y hablo de Phil Jackson. Ese sería el último juego de Phil Jackson como entrenador.

El gran Phil se retiraba con 11 anillos como head coach. Seis con los Chicago Bulls y cinco con los Lakers. Su equipo era eliminado y con una barrida. Pero no quita sus logros. Los logros de un coach que ya está en el salón de la fama.

Mientras las cámaras lo enfocaban, él sonreía. Por eso Jackson es un ganador. Lo eliminaban pero sonreía. Sonreía, me imagino, porque sabía que lo estaban eliminando pero estaba bien. Ya había ganado mucho. Y claro, el otro equipo se merecía la victoria porque jugaron mejor.

Ese día me llené de recuerdos de aquella época cuando Jackson era el coach de los Bulls. La época cuando Michael Jordan era invencible. Esos campeonatos que van desde que yo tenía 11 años en el 91 hasta los 18 en el 98. Parte de mi niñez y adolescencia. Los Bulls eran los ídolos de casi todos los seguidores del baloncesto en República Dominicana.

Ya en su despedida, me gustó mucho cómo se manejó Jackson en la rueda de prensa después del juego. Fue muy honesto. Primero dijo que estaba aliviado porque ya la temporada había terminado. Dijo también que ya era tiempo de darle el chance a otros entrenadores que venían subiendo. Que habían muchos jóvenes coaches con talento. Condenó lo hecho por dos de sus jugadores antes de finalizar el juego, quienes se dejaron controlar por la frustración y cometieron faltas tontas.

Cualquiera podría decir que Phil Jackson era medio arrogante, que Phil Jackson siempre tenía a los mejores jugadores, que Phil Jackson a veces utilizaba a la prensa para darle ánimo a sus jugadores y para molestar a los contrarios. Pero a pesar de todo eso, no podemos quitar que fue un gran coach.

Se retiró Phil Jackson. Junto a él se van grandes recuerdos y una historia llena de éxitos.

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