Por: Carlos Maxwell

Julián se crió fuera de su país. Su familia tuvo que emigrar por las dificultades económicas. Julián creció desayunando cereal con leche en la mañana, almorzando “macaroni and chesse” que hacía en un microonda y se pasaba las tardes al frente del televisor disfrutando de sus videojuegos. Así creció. Mientras pasaba el tiempo, las aspiraciones no iban de la mano con la madurez que por lógica debía desarrollar.

Por eso, decidió entrar a una institución donde le daban todo, a cambio de su trabajo físico con la idea de convertirse en el súperhéroe que nunca sería. Así fue. Con el cerebro lavado gracias a un mandatario anormal, Julián se marchó. Mató gente inocente con la absurda idea de estarle protegiendo la libertad a un país que ya la tenía, sin darse cuenta que en realidad se la estaba quitando al otro.

Regresó como “la víctima” al que mandaron hacer algo de manera obligatoria y que era su único recurso profesional; sin darse cuenta que tenía miles de otras opciones. Con su historieta “se ligó” una chica, no muy brillante,  que cayó a sus pies. A la misma que golpeaba en las noches en medio de sus sueños, sin darse cuenta, por los traumas sufridos. Traumas que llegaron a su vida sin recompensa alguna. Para nadie.

Al crecer, madurar, vivir; se percató de que todo fue en vano. En vano los civiles y compañeros muertos. En vano aquellos que se quedaron sin piernas, en vano los que sufren de incontinencia urinaria, en vano tener pesadillas, en vano creerse súperhéroe, en vano el seguir el dictamen de un jefe idiota que no sabe lo que es perder a un hijo de la manera más pendeja y por una razón estúpida. ¿Por qué llegar tan lejos sin razón? ¿Por qué esperar que pasen tantas desgracias para darnos cuenta de la realidad?
No era necesario ese camino. En ninguna de las partes.

Ahora Julián, con todos sus tropiezos, debería de hacer todo lo posible por darle a los hijos que podría tener en el futuro, una educación digna con modales incluidos. Hacer que tengan aspiraciones reales. Porque los súperhéroes solo son fantasía, porque el matar a gente inocente y luego ser recibido como héroe es un absurdo y porque la educación es la base de la sociedad y de la familia. Incluso, para cualquiera que desee llegar al punto más alto.

Julián sabe que tiene ciertas carencias y que es un ignorante. Quizás no sepa que no tiene la culpa. Ojalá que recapacite, para que sus hijos, si algún día los tiene, no sigan su mismo camino.

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