Por: Carlos Maxwell 

Conocí a Edwin Gómez en Octubre de 1998 mientras yo trabajaba en un congreso ibero latinoamericano de cirugía plástica. Fue en el hotel Jaragua. Una amiga y ex compañera del colegio que trabajaba en la empresa de tours de él, fue quien me recomendó el trabajo. Era la décima segunda edición de ese congreso el cual duró aproximadamente una semana. 

Un día yo estaba ayudando a organizar a los médicos en distintos autobuses. Y ahí conocí a Edwin. Aquel muchacho a quien yo admiraba me pedía mi número de teléfono el cual repetía en una grabadora. No podía creer que había conocido y había trabajado por ese instante con Edwin Gómez. El mismo Edwin, quien tenía su programa de televisión, de radio, la mejor empresa de tours de República Dominicana y la columna más leída por los jóvenes del país en aquel entonces. 

Al otro día mi amiga Melissa me informó de que a Edwin, le encantó mi forma de trabajo y que quería que yo fuera parte del “staff” de su compañía de tours. Para mí fue de gran alegría y honor, que un muchacho que había logrado tanto a tan temprana edad me invitara a formar parte de su empresa. 

Como miembro de “Desde el Medio Tours” realicé algunos viajes de trabajo. En varios de ésos estuvo Edwin. Recuerdo con nostalgia su tenacidad, su carisma, su forma tan práctica de resolver problemas. Las “pilas” que tenía siempre para el trabajo. Era una persona admirable. 

Espeleotours 1998. Edwin al centro con los brazos cruzados. (Foto cortesía de Karl Darwin)

Recuerdo su columna “Desde el Medio” en la revista Listín 2000 del periódico Listín Diario. Al igual que miles de jóvenes yo disfrutaba mucho cuando Edwin escribía de “lo que tá’”, “lo que no tá’”, “lo que cansa” y “lo que falta”. 

Recuerdo un día que él me llevó a mi casa desde la universidad, cuando fue a recoger a una de mis compañeras de estudio que era en ese momento su novia. Antes de llevarme a casa, pasamos por uno de sus eventos que él fue a supervisar. De camino, él sacó su sentido del humor y me dijo: -“Esta “bola” (aventón) te salió cara porque tuvimos que ir hasta esa actividad”. A mí realmente no me importó que nos demoráramos. 

Luego, afuera de mi casa, uno de mis tíos miraba estrellas con un telescopio. Al ver eso, Edwin me preguntó que si mi tío “estaba loco o algo así”. Su novia y yo reímos aunque ella le reprochó el comentario. No importa, pero pareció chistosa su pregunta. Lo que me pareció más chistoso fue que Edwin se puso a ver estrellas con el telescopio. Creo que mi tío ni se creía que Edwin Gómez estaba ahí. 

Edwin animando en uno de los tours que organizaba. Foto cortesía de Karl Darwin

Recuerdo que en uno de los viajes, Edwin me pidió que agarrara el micrófono para que un grupo de personas mencionara en coro el nombre de la compañía de tours. Yo creía que él me pedía que hablara para las cámaras; y al yo preguntarle si de eso se trataba, él me preguntó que si yo estaba loco. Me causó mucha risa y yo le contesté que algún día trabajaría en televisión. Edwin me miró con una cara extraña. Hoy día me hubiese encantado estar trabajando con él. 

En una fiesta que organizó en el “Ferry” Edwin me confió la fuerte tarea de transportar el dinero obtenido a un lugar seguro después de contarlo. Me sentía bien que confiara en mi trabajo. 

En una ocasión yo llegué tarde a una reunión de los que colaborábamos con la compañía “Desde el Medio”. Al llegar yo; él vociferó: -“Figuraaaaa”. Porque Edwin era así. Eléctrico, inspiraba buena vibra y tenía un gran corazón. Desde los 9 años de edad organizaba cenas navideñas en el patio de su casa para niños de escasos recursos. Y así lo fue haciendo todos los años durante toda su vida. 

También enviaba a jóvenes estudiantes sobresalientes a Washington para participar en el “Presidential Classroom”, donde compartían con estudiantes de todas partes del mundo. Edwin logró que por primera vez se enviaran delegaciones de República Dominicana. Es que él era único, era un ser especial. Era una de ésas personas que daba el extra, que no se conformaba con cualquier cosa. Lo suyo era la perfección. 

Edwin en su programa de televisión junto a su hermana Ingrid. (1996 - Foto cortesía de Carlos de la Cruz)

El 27 de Diciembre de 1999 mientras yo dormía, mi abuelo materno abrió la puerta de mi habitación. “Carlos ese muchacho se mató. Se murió”. Al él decirme “ese muchacho” pensé en Edwin. Y le pregunté que si era Edwin y él me contestó que sí. Yo no lo podía creer. Estaba en shock. Me invadió la tristeza. No lo podía creer. “¿Por qué Dios hizo eso?”, -me pregunté una y otra vez. No lo podía creer. Edwin murió el 26 de Diciembre de 1999. Tenía 24 años de edad. 

Luego fui al funeral. El ataúd estaba cerrado. Edwin había muerto en un accidente mientras ayudaba a organizar el tráfico en una de las principales carreteras de República Dominicana. Esto, después de haber sobrevivido un accidente anterior en el cual su vehículo se volcó. Andaba con su hermana Ingrid y otras personas. 

En el funeral no le pude dar el pésame a sus padres. De verdad que yo estaba sorprendido. Creía que personas como él se quedaban en la tierra por más tiempo. Siempre creí que Edwin podía ocupar un puesto político importante en nuestro país. 

Recuerdo ver en la funeraria al Vicepresidente de la república de ese entonces; el doctor Jaime David Fernández Mirabal. Asistí a su entierro y tampoco le pude dar el pésame a sus familiares. No tenía fuerzas para eso. Han pasado casi once años de su muerte y todavía no lo creo. 

Meses después de su partida, leí un artículo en el que Sammy Sosa hablaba de lo mucho que recordaba a Edwin. 

Hoy lo recuerdo con nostalgia y cada vez que tengo un problema pienso en qué hubiese hecho Edwin. Y lo resuelvo. 

Posdata. Inicié mi carrera en la televisión a finales de 1999. Nunca supe si Edwin vio alguna vez mi trabajo. Ojalá que sí, porque algún día en el cielo, podríamos hacer un programa juntos. Parece que Dios se lo llevó, pues necesitaba la ayuda de una persona responsable, con carisma y con un gran corazón. 

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