Por: Carlos Maxwell

Si quieres ser mi amigo no me cantes “cumpleaños feliz” el día de mi cumpleaños. Ni mande a que los empleados de un restaurante lo hagan.

Si quieres ser mi amigo no me preguntes: -“¿Cómo te defines?”.

Si quieres ser mi amigo, no me juzgues porque me levanto tarde y por ser  impuntual.

Si quieres ser mi amigo, no me pidas que vaya a un bautizo, al cumpleaños de alguien que no conozco o a alguna fiesta donde reinará la hipocresía; como una boda por ejemplo.

Si quieres ser mi amigo, no me pidas que me quede en casa de alguien que no conozco y no me digas que me vas a recomendar con alguien o a alguien. Las recomendaciones nunca me han funcionado. En ningún aspecto.

Si quieres ser mi amigo, no me invites a salir en grupo ni a jugar billar.

Si quieres ser mi amigo, no me invites a una discoteca a pasarnos horas muertas bailando al ritmo de un “pum, pum, pum”, en medio de una pista como trompos sin dirección.

Si quieres ser mi amigo, no me digas que no se puede lograr un sueño.

Si quieres ser mi amigo, sé tú, sé humilde y respeta a los demás.

Si quiero ser tu amigo; yo respetaré, tus condiciones.

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