Por: Carlos Maxwell

Qué bueno es levantarse con la mente en blanco. Agarrar el periódico que está a mi lado. Leerlo y no tener distracción. Pero salgo de la habitación y me encuentro la laptop en la misma mesita de siempre. Donde debe de estar. Y me entretengo navegando por Facebook, Twitter y oyendo canciones que me gustan en Youtube. Y se me va el tiempo.

Luego me inspiro en un artículo, como éste, que llegan insaciables y te obligan a escribirlos. Porque la mente está en blanco. Solo tiene un resumen de lo que dejas entrar gracias a las “páginas para la izquierda” y las conversaciones con sentido con gente inteligente. Lo de Facebook, Twitter y Youtube lo dejo en el departamento de “entretención del momento” dentro de mi cabeza.  Nada de lo que veo o escucho me inmuta. Digo, a excepción de alguna canción que me amargue y me haga buscar un whiskey doble a la cocina. O Chivas 18 o Jack Daniels. A veces  solo hay 12. Pa’ que después no me llamen “comparón” o mejor dicho, “come m”, o “nariz parada”. (Hay que darse esos gusticos señores.)

 Pero la computadora de la mente empieza a trabajar. Y llegan malos recuerdos, llega un e-mail de algún adulón y con copia a jefes para “que vean”. La vaina esa corporativa. Ustedes saben. Suena el celular y empiezan los chismes. Los de familia son peores. Creados por ellos mismos, por cierto.

Entonces me doy cuenta de la vista que tengo. Vista que a veces quiero dejar para mudarme más cerca del trabajo. El manejar me tiene agotado. Pero estar por el canal un fin de semana  es una invitación al suicidio. Pero insisto, estoy cansado de manejar. Ya me empiezo a quejar.

Qué bueno es levantarse con la mente en blanco; y dejarse llevar por los periódicos, libros y revistas que tengo a mi lado. Para aprender, para aplicar cosas que he leído, para hacer lo que siempre me quejo de no poder hacer más. Leer, que tanto me gusta.

Estoy aquí en mi guarida, en mi espacio, en el lugar que casi no disfruto. Hoy, me quedaré en casa, leyendo. Leyendo mucho. Y nadie, me sacará de aquí.