Por: Carlos Maxwell

Después del terremoto de Haití del pasado 12 de Enero, se manejaron distintas cifras de muertos. Que si fueron 70 mil, que si 100 mil o 200 mil. Esas cifras son alarmantes; pero lo que tenemos que tomar en cuenta es que hablamos de personas.

Personas de carne y hueso como usted y como yo. Personas con familias, amigos, otros que dependían de ellos. Hablamos de niños que quedaron huérfanos, de ex padres de familia pues el sismo les arrancó el título, hablamos de gente que podrían ser nuestros padres o abuelos.

Solo imagínense, ustedes los que tienen hijos, que su niño o niña se quede sin su cuidado a la intemperie. Sin un lugar a dónde ir y sin dolientes. O que su familia haya sobrevivido y que usted no tenga con qué comprarle los alimentos. Eso es muy triste.

Hay millones de casos que podemos enumerar. Pero también debemos reconocer la gran labor que ha hecho la comunidad internacional para ayudar a ese país caribeño. El mundo entero se ha unido. La ayuda ha venido de todas partes. Países enemigos se han sumado a la labor sin importar sus diferencias. Los deportistas, artistas, políticos, el vendedor de la esquina, el ciudadano común; todos nos hemos unido por Haití. Esta catástrofe unió al mundo.

Pero falta mucho por hacer, y mucho que se ha podido haber hecho. Por ejemplo, el Presidente Bill Clinton, quien fue nombrado enviado especial de la ONU para Haití, recalcó que muchos países que antes ignoraban a la nación más pobre del hemisferio, ahora están brindando su ayuda. Clinton lanzó en Septiembre del 2008, una iniciativa de ayuda para crear proyectos sociales en Haití, como por ejemplo una campaña de alimentación para los niños en las escuelas. Esto, a través de su organización Clinton Global Initiative. El ex gobernante también apuntó, que se guardará dinero del fondo “Clinton-Bush” para la reconstrucción. O sea, que falta mucho por hacer. No nos podemos olvidar de Haití.

El cantautor Ricardo Arjona ya se había referido al respecto: “Haití nos necesita a todos hoy más que nunca, pero que no se nos olvide que nos necesitó siempre”. Muy cierto.

Esos 15 segundos del terremoto destruyeron millones de vidas. Y pensar que a veces nos quejamos de las cosas más triviales, cuando millones de nuestros vecinos haitianos no tienen ni siquiera la menor idea de cuándo volverán a comer. No tienen qué ponerse, ni un lugar digno para dormir.

Tenemos que seguir ayudando a Haití. Y también ver esta catástrofe, como una forma de empezar a valorar realmente, lo que tenemos.