Por: Carlos Maxwell

A veces creemos que es imposible aprender ciertas cosas. Pero luego, por suerte, nos damos cuenta que no. Que sí podemos si así lo disponemos.

–   Por ejemplo. Yo juraba que jamás yo iba aprender a editar en el sistema “no lineal”. Creía que eso era “la Nasa”. Pero no, aprendí y ahora me siento de lo más cómodo si tengo que editar algo. No soy un experto pero me defiendo.

–   Cambié mi celular por otro que puede chequear el internet y hasta “chatear” con amistades. Al principio me era imposible manejarlo. Pero con la práctica me hice maestro y hoy lo manejo perfectamente.

–   Lentes de contacto. Yo jamás me había enfurecido tanto con algo. Cuando empecé a usar lentes de contacto para ver de lejos, me ponía furioso porque me tomaba hasta 40 minutos ponérmelos. Y no hablar de que le pedía a compañeras de trabajo que me ayudaran a colocarlos. Ya aprendí y me los pongo y me los quito en un dos por tres.

–  Tengo en mente cambiar de computadora portátil. Me cansé de los virus y de que “la compu se me vaya” mientras veo internet. Ahora quiero usar otra marca que siento me será un poco difícil de aprender.

 Pero nada, creo que a la larga, todo es cuestión de acostumbrarse y de práctica.

 Posdata. Aunque suene a contradicción a lo que he dicho en este artículo, nunca he podido aprender a hacer dos cosas. Una, no sé hacer los nudos de corbata aunque las usa cinco veces a la semana. Siempre le pido a algún compañero de trabajo que lo haga. Y otra, nunca he aprendido a bailar salsa a pesar de que he tomado clases en dos ocasiones. Ni la costumbre ni la práctica ha podido con eso. ¿Será que mi cerebro no da para tanto?