Por: Carlos Maxwell

Millones de personas han perdido sus empleos aquí en Estados Unidos. Solo en el área de la tecnología, se eliminaron más de 84, 000 puestos de trabajo en el primer cuarto del 2009. Eso es, un aumento del 27 por ciento si lo comparamos con ese mismo período del año anterior según publica “itjungle.com”.

Aunque en este artículo quisiera tocar el punto de vista del consumidor, no nos podemos olvidar de aquellos que han perdido sus viviendas, que no tienen dinero para pagar un carro, que tienen dificultad en mandar a sus hijos a la universidad. No es comparable; es muy lamentable.

Pero esa crisis, también la sentimos los consumidores en los establecimientos que visitamos. Por ejemplo, si vamos a una tienda, vemos la “necesidad” que muestran algunos vendedores para que gastemos. Hace poco visité una tienda y me medí una camisa que no me gustó como me quedó. Al ver que no la compraría vi la cara de frustración que puso la encargada de la tienda.

Recuerdo a otro vendedor que me trataba de vender insistentemente un saco horrible, al ver que la chaqueta que me gustó no estaba disponible en mi tamaño.

Si vamos a comprar un café en “Starbucks” por ejemplo; vemos que el tiempo de duración de los clientes es mayor porque hay menos empleados preparando las bebidas. Lo mismo en el supermercado con menos cajeros y muchos otros negocios. Y ni hablar de hacer planes para comer en nuestro restaurante favorito y luego al llegar darnos cuenta que está cerrado. Que se fue a la quiebra. Me ha pasado, y a muchos amigos por igual.

La crisis ha hecho sufrir a los consumidores. Pero sobre todas las cosas; a las víctimas directas que son aquellos que han sido cancelados. No podemos saber lo que sienten, al menos que no estemos en “sus zapatos”, en tiempos difíciles; como éste.