Por: Carlos Maxwell

La soledad es buenísima cuando la elegimos. Esos momentos son necesarios. Pero es malo, cuando caemos en la soledad sin nuestra propia voluntad. Por eso a veces, aplazamos decisiones por miedo a quedarnos solos.

Pero andando en la vida, viviendo; vamos conociendo gente que serán nuestros dolientes. O sea, que se preocuparán por nosotros y viceversa.