Por: Carlos Maxwell

Salir de la zona de confort resulta muchas veces difícil. Cuando me tocó hacer el viaje a China me sentía un poco estresado. No por el viaje en sí, sino porque tenía que arreglar maletas, comprar cosas y chequear que todo estuviera en su lugar. Y, porque obviamente, iba a salir de mi zona de “seguridad”. Pero una vez en Pekín empecé a valorar lo que significaba eso. Conocer nuevas personas, aprender de una cultura diferente, y lo más importante: salir de la rutina. Hacer reportajes de todo tipo todos los días me pareció fascinante. Pues conocía nuevos lugares y no tenía que estar en el va y ven diario de manejar por más de media hora para el ir al canal y hablar de lo mismo.

Este viaje me cayó como anillo al dedo. Las tertulias en el bar del hotel con karaoke y propios I-pod’s incluidos, las salidas a la calle “Sanlitun”, la visita a lugares históricos, las risas, y el compartir con compañeros de trabajo a los que no conocía.

El hecho de hablar, reír y pasar un rato agradable con los chinos aunque no nos entendiéramos ni una letra, de conocer a internos (los runners) que aunque tenían toda la plata del mundo se arriesgaron y se fueron a aprender cosas nuevas y a ayudar a los que no dominamos el mandarín. Los chistes y las locuras del camarógrafo David Necochea, el restaurante mexicano después del baile en “Kokomo” y hasta el gran sacrifico y esfuerzo de trabajar 12 horas diarias. Todo eso hizo que esta sea una de las experiencias más importantes de mi vida. El haber estado aquí da deseos de seguir viajando y conociendo.

Pero ya eso se acabó. Llegó la hora de volver a nuestra vida normal. Se acabó la “luna de miel”. Ya hay que regresar.  Es tiempo de despertar de este regalito que un buen día nos cayó del cielo sin ni siquiera haberlo pedido. Hay que volver a lo mismo. Al confort que sentimos como “des-confort” cuando estamos pasando un rato agradable lejos de casa. Cayó bien, pues descansamos un poco de la rutina y ya podemos volver al trabajo con todas las fuerzas.

Ahora solo tenemos que tratar de mantener esas nuevas amistades, de viajar más, de aprender a no atarnos a las cosas y saber que detrás de lo que tenemos enfrente en el día a día hay mucho más. Este viaje ha significado mucho, pero cada momento sigo descubriendo que ha significado mucho más de lo que yo me imagino.