Por: Carlos Maxwell

Después que se terminaban las competencias en los juegos olímpicos, se realizaba la ceremonia de entrega de medallas. O sea, los que perdieron tienen que pararse al lado del ganador para que le entreguen su presea. No importa si estás cansado, abatido, disgustado, amargado, molesto, o lo que sea. Debes de asistir a la ceremonia y recibir tu medalla de segundo o tercer lugar. Ya sé que ese es el espíritu de las olimpiadas y que debes de aceptar con humildad la medalla que ganaste. No importa si de oro, de plata o de bronce. Pero los deportistas quieren ganar. Quieren ser los primeros.

Debió ser muy difícil para el equipo de futbol de Brasil pararse al lado de Argentina para recibir la medalla de bronce. Debe ser muy duro para un boxeador que creía que tenía asegurada su pelea, tener que conformarse con el segundo lugar. Y lo peor del caso, es que si usted hace alguna rabieta le quitan la medalla.

En fin, si usted no es primer lugar, debe aprender a tragarse su rabia. Y ya está. No hay de otra.